Nuestras plantas

rosa mosqueta “Cada planta es una estrella terrestre. Sus propiedades celestes están escritas sobre las curvas de sus pétalos y sus propiedades terrestres en la forma de sus hojas. Toda la magia está contenida en ellas, en su conjunto, todas las potencias de los astros.”

Paracelso


Las Plantas humildes, calladas, siempre dispuestas a darnos de su propio ser para nuestro bienestar. Muchas veces a costa de su existencia. Son energía. Energía toda del sol. Nosotros disponemos de ellas en cualquier lugar de la tierra y en todo momento Tenemos también la posibilidad de elegirlas para nuestra vestimenta, nuestra medicina, nuestro alimento (que es medicina también) y hasta en la construcción de nuestras casas.

En un lugar muy profundo de nuestro ser, somos concientes que muchas veces no importa de que planta hablemos o de cual enfermedad, porque la curación comienza mucho antes de beber un té. Comienza cuando decidimos,recoger esas plantas y hacer ese té. Esta decisión es el principio de nuestra curación. Si tenemos la posibilidad de buscar hierbas en algún jardín, entonces, al aire libre, se abrirán todos nuestros sentidos. Pero para poder lograr esto, la naturaleza nos exige que la escuchemos. Debemos observar con atención. Ser pacientes. El respeto y la preocupación por ellas es nuestra pequeña devolución.

Como dice Joyce A. Wardwell, “Los relatos nos recuerdan que existe más de una forma de contemplar el universo”

He aquí un cuento.

Como nació la Medicina

Cuando el mundo era joven, los animales convocaron a un consejo. En aquellos tiempos las bestias, los pájaros, peces e insectos se podían entender entre si. Ellos y las personas vivían juntos en paz y amistad. Pero a medida que transcurría el tiempo, las personas aumentaron en forma tan rápida que comenzaron a matar las criaturas más grandes para obtener su carne o piel, y las criaturas más pequeñas eran aplastadas.

Nutria, la diplomática, dirigió el consejo y pronto los animales acordaron ir a la guerra contra las personas. Pero ¿cómo’ Entonces habló Coyote “puedo escabullirme en la aldea de los humanos y descubrir cuáles son sus debilidades y fortalezas”. Cuando volvió, dijo “lo que los humanos tienen y nosotros no es un arco y una flecha. Si tuviéramos esas herramientas, sé que ganaríamos”.

Castor recordó que había un viejo tejo en un bosque que los humanos habían quemado hacía años. Fue y lo cortó y le dio forma de arco. Caña dijo que podrían usar sus tallos secos para flechas. Pavo Salvaje dio tres de sus mejores plumas de la cola. Piedra se arremetió contra unas rocas debajo de una cascada para hacer una buena punta de flecha. El arco y la flecha estaban listos.

“Esperen...falta algo” dijo Caracol mirando al arco y a la flecha detenidamente. “Esto no va a funcionar” Entonces Coyote recordó la cuerda del arco...había visto a los humanos retorcer intestinos de animales para hacer la cuerda!

Entonces Gata Vieja dio un paso hacia delante Dijo “No tengo dientes y ya no puedo cazar. Hace mucho que no como y estoy cansada. Pueden usar mis entrañas para poder hacer el arco. Quiero ayudar y realmente esto es todo lo que puedo hacer”. Entonces se recostó y murió. Los animales le agradecieron su regalo. Sus intestinos hicieron una cuerda de arco fuerte y tensa. Pero nadie podía tirar de la cuerda.

Verá todos los animales caminaban en cuatro patas, o seis, o tenían alas. De repente, Oso se paró sobre dos “Ven, puedo pararme como un hombre. Denme tiempo para practicar, yo haré funcionar el arco”. Pasó una semana y Oso volvió al consejo. Dijo “El arco funciona bien, pero mis garras se interponen constantemente. Sé que si las cortáramos de alguna manera yo podría apuntar la flecha y matar a los humanos”.

“No Oso!” dijo Nutria “Si te cortamos las garras ya no serías Oso. No podrías treparte a un árbol, pescar o cavar para buscar insectos. Serías igual que los humanos” Y con eso el consejo se dio por vencido y estaba a punto de dispersarse cuando una pequeña voz vino del aire.

“Hey! Nosotros podemos ayudar. Nosotros podemos matar a todos los humanos!”

“¿quiénes son ustedes? ¿Dónde están?”

“No nos pueden ver. Nosotros somos invisibles. Somos la enfermedad. Y ciertamente podemos matar a todos los humanos. Pero primero todos tienen que estar de acuerdo”

Una a una todas las bestias, todos los voladores, los reptiles, los nadadores, todos acordaron que la enfermedad matara a los humanos. Pero cuando se les preguntó a las plantas, ellas interrumpieron. “Esperen. En realidad nosotras nunca les prestamos mucha atención a los humanos. Déjennos observarlos durante todo un ciclo de estaciones. Vuelvan en un año. Entonces les daremos nuestra respuesta”

Transcurrió un año. El consejo fue convocado y las plantas dijeron. “Esperen. Hemos observado a los humanos y vimos que en un año, sus bebés todavía no pueden hablar por sí mismos. Vuelvan en veinte años, cuando sean adultos. Entonces les daremos nuestra respuesta.

Transcurrieron cien años. Se convocó al consejo y los animales dijeron.”No más demoras.. Deben dar su respuesta ahora plantas. ¿Dejamos que enfermedad haga la guerra con los humanos o no?

“Si, adelante” dijeron las plantas. “Destruyan todo. Dénle a los humanos enfermedad. Tienen razón, los humanos destruyen demasiado. No los detendremos”

“Pero” dijeron las plantas. “notamos que algunos humanos no son igual que el resto. Son respetuosos. Preguntan primero y son cuidadosos. Nosotras los ayudaremos. Cuando una persona venga y nos pida ayuda correctamente, nosotras la ayudaremos”.

Y así es como obtuvimos la medicina.

Se cree que este cuento proviene de la comunidad Cheroquee.

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